30 de octubre de 2020

#30 AÑOS

Más que una radio

Grave acusación a médicos del Hospital

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Milagros y Marcela Venturo, madre y tía de Ignacio Osterrieth, jóven de 20 años que falleció hace unas semanas atrás por una grave infección, llegaron al estudio de la radio contando detalles de cómo fue la atención en el Hospital Florense y el motivo de la muerte de Nacho, además de los pasos que van seguir a partir de ahora en la parte judicial y para convocar a una marcha para el 1º de mayo a las 11 de la mañana.

«Mi hijo fue a sacarse una muela al hospital, lo atendió un aprendiz que no le puede sacar la muela porque no tenía fuerza, así le lastima la encía. Lo manda a casa y al término de unos días le empieza a doler el ganglio. Va a la Guardia donde le mandan antibióticos. Se le pasa al otro ganglio. En la guardia le ponen una inyección y le decían que era faringitis y lo mandaban a casa. Después de ir tantas veces a la guardia, llego un momento que no podía tragar ni hablar; estaba con 41 grados de fiebre y lo llevamos nuevamente al hospital. Sandoval le dijo que no era nada, que esperara que le hicieran efecto los antibióticos Amoxicilina 1000 que tomaba cada doce horas», comenzó a relatar Milagros, la madre de Ignacio. Y continuó «le dije a la doctora que no lo iba a llevar de nuevo a casa ya que hacía días que estaba así. Me respondieron que iba a hablar con Sandoval. Lo pasaron a clínica donde fue Serafini para hacer análisis y nadie mas. Era fin de semana largo de Semana Santa. Hasta ese momento, ya se le habia hinchado la espada, el pecho, la garganta y le dolía el estomago; ellos decían que lo del estomago era por tomar los remedios y no comer nada».

Sobre su paso de Clínica Médica a Terapia Intensiva, explicaron «el sábado a la noche él se descompone y le dijimos a la enfermera que vaya alguien porque estaba en un grito de dolor y no podía respirar.  Lo pasan a terapia y Medina nos dice que no tenía capacidad para tragar ni para respirar, que sí o sí tenían que hacer algo, pero él se iba al otro día y entraba Sandoval. Al otro día él seguía peor. Le mandaron ecografías de riñones y pulmones y unos análisis. Se los hizo Saladino y dijo que era líquido, pero que él solo hacia los análisis, que nos tenían que comunicar los médicos terapistas. Cuando le preguntamos a Sandoval dijo que estaba perfecto, que respiraba por sí solo, que todos los órganos le funcionaba, que era un mañero y una bola de nervios. Nos respondió: Ignacio es una persona sana, como si fuera yo. No sabemos lo que tiene».

«Lo tenían que sedar para que los deje tranquilos toda la noche. Nosotras pedíamos que lo trasladaran, siempre con respeto aunque no se lo merecían porque las enfermeras no le ponían ni un calmante, solo tenía suero. La única que le puso un calmante fue Paula Risso, las demás no le ponían nada (…) lo iban a pasar a clínica porque no podían descansar las enfermeras. Pedimos que le hagan una tomografía pero el tomógrafo estaba roto y no lo iban a mandar a Saladillo», indicaron.

Además, Milagros sostuvo «el domingo nunca me avisan que paso una noche terrible. El lunes me llaman para firmar unos permisos, ya esperábamos lo peor. Fuimos a terapia, nos cansamos de golpear, no nos abrían. De pronto sale Forconi y me dijo que le quedaban dos horas de vida. Que le tenían que hacer una traqueotomía porque tenía lleno de líquido los pulmones. Empezaron a buscar dónde trasladarlo porque era una situación complicada. En saladillo dijeron que no porque era muy compleja su situación y no podrían atenderlo bien. Ellos ayudaron a conseguir turno en el San Juan de Dios. Le hicieron una traqueotomía que llegó a La Plata infectada porque se la pusieron en otro lugar. Lo que sí tengo que aclarar es que el doctor Zarauza hizo todo para que Ignacio llegara vivo».

También hicieron referencia a la atención que se le dio al joven en La Plata; «cuando llegamos a La Plata, al San Juan de Dios, le hicieron una tomografía como pudieron. Cuando nos habló la doctora Silvana Turano nos dijo que era una injusticia lo que hicieron, que no le funcionaba ningún órgano, los riñones estaban deshidratados, no le funcionaban los pulmones, el hígado tampoco. No tenía nada funcionando. Lo operaron, superó la operación después de dos paros cardíacos. En esa instancia le sacaron la membrana del corazón porque la tenía toda infectada; le pusieron un pulmón artificial, no tenía músculos en el cuello, le sacaron la muela por la que fue en un primer momento; por donde entró la bacteria. La doctora nos dijo que no había posibilidades de vida. Era una bacteria con alta mortalidad, pero si lo hubiesen hecho rápido no hubiese llegado tan abajo».

«Mi esposo se canso de llamar al director, nunca nos atendió. Nunca se pudieron en mi lugar y no es la primera vez que pasa (…) mi hijo vomitaba y pasaban horas hasta que alguien vaya a limpiar, no había ni un trapo de piso, con un poquito de agua limpiaban todo, hay cigarrillo en los pasillos, no limpian los baños, nada. Se dicen muchas cosas que son mentira. Los médicos de La Plata estuvieron hasta el último momento sobre él. Ya lleve el caso a la parte judicial porque esas personas no pueden estar ejerciendo como médicos en ningún lugar. Le quitaron la vida a mi hijo de veinte años», reflexionó y culminó diciendo «invitamos a una marcha, porque me pasó a mí pero le puede pasar a cualquiera y no queremos eso. El martes 1º de mayo a las 11 estaremos desde el hospital e iremos a la ruta 3 y cortaremos la ruta. Nadie me va a devolver a mi hijo pero queremos que se sepa. Estamos sufriendo mucho. Sandoval no puede ser doctor. Ahora se esconden los unos a los otros, pero no va a quedar así. Queremos que se haga justicia».

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