El río Salado amanece con grandes corvinas negras

Según los cálculos, las dos de la madrugada sería la hora clave: esa noche la marea crecería lo suficiente como para que las grandes corvinas negras ingresaran al río Salado, más aún si soplaba viento del sudeste que le metiera agua. Así que preparamos todos los equipos para no fallar y junto a Hugo Bustamante, Gastón Lustanzoff y Martín González partimos por la Autovía 2 para encontrarnos en Lezama con Mariano Anderson, nuestro amigo y guía de tantas aventuras.

La idea era armar el campamento contiguo a la orilla del cauce, tras recorrer unos 45 km de caminos vecinales y atravesar un paraje en el que no hay ningún tipo de servicio. Mucha leña para mantener calor y brasas durante toda la noche, un gazebo, asado y picada fueron los elementos complementarios, tan importantes como las cañas de 4 m de acción 8 o 9 y las varas enterizas de 3,90, ambas con reeles frontales o rotativos cargados con nylon de 0,40 mm y una salida del 0,70 mm, más conocida como chicote o salida trefilada, en cuya parte más gruesa anexamos la línea confeccionada con nylon de 0,60 mm y un anzuelo 6/0 reforzado y con retén de carnada. Finalmente, y para facilitar el lanzamiento, en el extremo colocamos una plomada ataúd de 80 a 120 gramos, según la correntada.

Pero la cosa no terminaba ahí. Una de las tareas más importantes de la jornada era ir con luz de día a extraer cangrejos de la zona, fuente de alimentación de la corvina negra y, obviamente, el engaño que debemos elegir pero no colocar de cualquier forma. La correcta es tomar dos o tres, atarlos con hilo de goma y cortarles las patas con una pinza o tijera, para que una vez en el agua no se entierren nuevamente. El dato extra que desconocíamos es que Mariano utiliza cangrejos hembra, porque poseen mayor cantidad de feromonas (sustancias químicas que secretan los seres vivos con la finalidad de despertar ciertos comportamientos). ¿Cómo distinguirlos? Por el color de la panza: el de las hembras es más rosado.

Por lo general, los cardúmenes de corvinas negras ingresan a la zona desde la bahía del río Samborombón, y extienden su presencia desde el partido de Gral. Lavalle hasta las costas de Necochea, con fuerte concentración muchas veces en la zona de Mar Chiquita. Las capturas pueden ir desde los 4 a los 35 kg de peso, con alguna sorpresa que supera estas marcas si las pescamos embarcados. Un trofeo difícil y envidiable que los pescadores siempre queremos desafiar y por el cual nos encontrábamos allí, al reparo de nuestro refugio en una noche fría (la temperatura en esta zona desciende de manera más que considerable).

Fuente: Weekend

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