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La Buena Noticia: California alcanza récord de 12.000 MW con baterías, equivalente a 12 plantas nucleares, cubriendo más del 40% de la demanda eléctrica

Para entender lo que ocurre detrás de ese gesto cotidiano —encender una vitro o poner una serie— hay que mirar a la trastienda energética. En ese momento concreto, la red eléctrica de California no estaba funcionando como hace una década. Había cambiado. Mucho. Ese dato marca un antes y un después. Las baterías a gran escala han pasado de ser una promesa tecnológica a convertirse en un pilar real del sistema. Ya no solo almacenan energía renovable durante el día: ahora sostienen la red cuando más se necesita, justo cuando cae el sol y la demanda sigue alta. Este cambio tiene una implicación clave: la energía solar deja de depender tanto del horario. Gracias al almacenamiento, empieza a comportarse como una fuente gestionable. Y eso, en términos de sistema eléctrico, es oro. La red eléctrica de California se encuentra en un proceso continuo de transformación. Aunque el año pasado más del 60% de la electricidad del estado procedía de fuentes libres de carbono, el impulso para cerrar la brecha restante afronta dificultades: el presidente Donald Trump ha puesto el foco en frenar la eólica marina, ha ordenado reabrir oleoductos y ha eliminado los incentivos fiscales a las energías renovables. La transición energética no es lineal. Avanza, se frena, se reconfigura. Aunque California ya supera el 60% de generación libre de carbono, el tramo final —ese último 40%— es el más complicado. Requiere decisiones políticas, inversión sostenida y, sobre todo, estabilidad regulatoria. La retirada progresiva de incentivos fiscales introduce ruido. No detiene el sector, pero sí lo condiciona. Muchos proyectos dependen de esos márgenes para ser viables, especialmente en fases iniciales. La rapidez del despliegue sorprende incluso a los propios expertos. En apenas unos años, las baterías conectadas a red han sustituido parte del papel que antes desempeñaban las centrales de gas en momentos de máxima demanda. Esto no solo reduce emisiones. También mejora la flexibilidad del sistema, algo fundamental cuando se integran grandes volúmenes de renovables variables. Aquí aparece uno de los grandes retos. La demanda eléctrica no se va a estabilizar. Va a crecer. Y bastante. La electrificación del transporte, el uso de bombas de calor, la digitalización… todo apunta en la misma dirección: más consumo eléctrico, pero más eficiente y menos dependiente de combustibles fósiles. A eso se suma un actor inesperado hace unos años: los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Instalaciones que consumen enormes cantidades de energía, pero que también pueden actuar como motor para acelerar la inversión en renovables.

Fuente: Ecoinventos

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